FOMO (acrónimo de ‘fear of missing out’) significa miedo a la exclusión digital: perderse algo en las redes sociales o a quedar excluido de un evento.

La expresión describe una nueva forma de ansiedad, que obliga a los que sufren este síndrome a permanecer conectados a Internet, generada porque el usuario se preocupa porque otros puedan estar pasándoselo muy bien y disfrutando de otras experiencias sin ellos.

Se caracteriza por el deseo de estar conectado permanentemente a lo que los demás están haciendo y desarrolla una adicción que es proporcional al miedo que se siente al no poder hacerlo en tiempo real.

Este 'miedo', en palabras de la psicóloga Judith Viudes viene a significar "el tener que decir sí a todo lo que surja aunque no apetezca y mostrar al mundo lo 'interesante' que puede llegar a ser nuestra vida en comparación con la de los demás.

Es esconderse detrás de una fachada repleta de selfies en fiestas, viajes, rodeados de amigos, comidas sanas y ricas, triunfos académicos o deportivos, un amor romántico y perfecto, etc, ".

De esta manera provoca que vivamos una realidad en la que en el fondo no apetece en absoluto experimentar y lo hacemos por el hecho de querer agradar al resto y sentirnos incluidos dentro de la sociedad.

FOMO se presenta con más frecuencia entre las personas de entre 18 y 33 años de edad. En una encuesta dos tercios de las personas de esta edad han llegado a reconocer que han experimentado estos miedos, y comenta que es más frecuente en los hombres que en las mujeres, aunque todavía no se conocen las razones.

Los investigadores sugieren que FOMO puede llegar a crear problemas en la salud mental de las personas.

Un miedo permanente a la exclusión puede degenerar en baja autoestima, ansiedad, depresión, especialmente entre los jóvenes.