J. Rifkin formuló la hipótesis, en el 2000, que estábamos ante “la era del acceso”. Hoy es una realidad. Hoy cualquiera de los clientes y empleados de este planeta puede tener voz propia y tener acceso a aprender, a investigar, a ser escuchado, a proponer, a disfrutar, a denunciar, a compartir, a reclamar, a contratar y a vender… Los ciudadanos del planeta puede expresar su opinión en cualquier momento, desde cualquier lugar, sobre cualquier tema. Ya no sólo como derecho, sino como hecho. Con el esfuerzo de unos pocos golpes de clic de un ratón, y siguiendo los principios de la teoría de sistemas, al igual que un aleteo de mariposa puede generar un tornado, las opiniones o las expectativas de los ciudadanos pueden levantar un auténtico tsunami de followers o de detractores, y llevarse por delante empresas o gobiernos como ya se ha visto en los últimos años; o encumbrar hasta el éxito a nuevas iniciativas empresariales.

Esta nueva realidad dota de un poder hasta ahora desconocido a todos los stakeholders de una organización. No solo a los accionistas, o a los clientes de mayor impacto en la cuenta de resultados… Un empleado de una empresa proveedora  puede afectar la reputación de una gran corporación aunque para los directivos de la misma esa persona sea una desconocida, simplemente una hoja de horas de trabajo en mis instalaciones. En la economía digital, internet, los smartphones, las redes sociales confieren al cliente, al empleado, al proveedor un poder, tan paradigmático, que está cambiando las reglas de juego de las relaciones dentro y fuera de la empresa.

Este nuevo paradigma, algunos lo llamamos “The New Normal”, refleja una nueva realidad social que ya se describía por primera vez, también en el año 2000, en un libro de indispensable lectura, “The Cluetrain Manifesto”. En el mismo se esboza el nuevo marco de las relaciones del mercado sea este el de clientes y proveedores o el de empleados y empleadores. Algunos de sus más sugerentes axiomas señalan principios como los siguientes: