“Prototipo” procede de la lengua griega:
El Prototipo es un primer modelo de estudio. Se trata de una representación o simulación del producto final para analizar cómo interactúan las personas con él. Los prototipos nos ayudan a demostrar y visualizar rápidamente las ideas propuestas y obtener feedback rápido de todos los stakeholders de un proyecto de innovación, incluido los usuarios reales.

En el ejercicio de “Marshmallow challenge” de Tom Wujec (https://www.youtube.com/watch?time_continue=302&v=H0_yKBitO8M) se puede apreciar cómo los niños de preescolar son capaces de construir estructuras más altas que los estudiantes de posgrado.
Su éxito reside en iterar hasta 5 veces en los 18 minutos disponibles e ir aprendiendo de forma continua cómo mejorar su “producto”, mientras sus mayores intentan buscar “la solución” definitiva, usando todo el tiempo disponible.
Si nos centramos en el mundo empresarial y dejamos los “juegos” atrás, el prototipado es una herramienta para aprender lo máximo posible de los usuarios en el menor tiempo posible y así poder adaptar nuestro producto o servicio para resolver sus problemas de verdad. Como dice Eric Ries en “Lean Start-up”, el objetivo es fracasar y aprender rápidamente. De esta manera llegamos antes al mercado con un producto mínimamente viable (ganando cuota de mercado) y con menor coste (mejorando la rentabilidad).
Prototipar ideas consiste en crear artefactos físicos o simular experiencias que nos permitan tangibilizar de forma ágil una idea, para poder mostrarlos a los usuarios. No se trata de evaluar la viabilidad tecnológica o técnica del producto, sino el interés de los usuarios.