Es evidente que no todos los entornos son iguales, hay zonas del mundo más predispuestas al cambio que otras; al igual que hay sectores que cambian a mayor velocidad que otros. ¿De qué depende la incertidumbre del entorno? Básicamente de cuatro dimensiones:
- Estabilidad. El entorno puede ser estable o dinámico. Depende de numerosos factores: estabilidad del gobierno, cambios económicos, variaciones de la demanda, exigencias de innovación (de los clientes), tecnología…, En definitiva, un entorno será más dinámico en función del número, profundidad, rapidez e impredecibilidad de los cambios que le suceden.
- Complejidad. El entorno puede ser simple o complejo, en función de lo comprensible que sea el trabajo a realizar y del nivel de sofisticación de los conocimientos (productos, clientes,…).
- Diversidad de mercados. Los mercados de una organización pueden ser integrados o diversificados. Puede producirse por la variedad de clientes y productos/servicios.
- Hostilidad. El entorno puede ser favorable u hostil. La hostilidad se relaciona con el nivel de competencia, las relaciones con los sindicatos y el Gobierno, y la disponibilidad de recursos disponibles. Los entornos hostiles son impredecibles y necesitan altas velocidades de reacción.
A partir de estas dimensiones, podemos encontrarnos con tres tipos básicos de entornos, en función del nivel de incertidumbre:
- Entorno estable. Estable, simple, integrado y favorable.
- Entorno reactivo - adaptativo. Relativamente estable, algo complejo, diverso y favorable en gran parte.
- Entorno inestable - turbulento. Dinámico, complejo, diverso y hostil.
Nuestro entorno actual puede ser considerado, sin ninguna duda, como inestable – turbulento en la mayor parte de los sectores.