Se deberían modificar los planes de acuerdo con las circunstancias, cuando éstas sean favorables” . Sun-Tzu
Hace años, en la década de los 70, formular la estrategia se entendía como sinónimo de planificación estratégica. La mayoría de las grandes corporaciones tenían procesos de planificación muy detallados y multitud de directivos dedicados íntegramente al proceso. Pero con el tiempo, se pensó que planificar a ese nivel de detalle era incluso contraproducente para las empresas. Los modelos de Andrews y Ansoff dejaron de utilizarse después de haber sido auténticas referencias para los directivos de su época, por ser excesivamente estáticos.
Muchos achacaron a la planificación estratégica la responsabilidad de los malos resultados de las empresas; ya que se centraba demasiado en el análisis, dejando de lado la creatividad, la innovación y el riesgo.
Scott Adams, creador de Dilberg, habla con cierta ironía de la metodología clásica para realizar un plan estratégico:
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Planificación Estratégica Redactar un Plan Estratégico (Scott Adams) |
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Estos son los pasos importantes que hay que dar para lograr la complicidad en el plan estratégico de la empresa:
10% de las siglas de proyectos con lo que esté más familiarizado el departamento de presupuestos. 10% de anécdotas de cuarta mano que hayan escuchado contar y que indiquen el apoyo ejecutivo para un proyecto concreto. 80% de aquello en lo que al propio departamento de presupuesto le gustaría trabajar si encontrara una forma de dejar de hacer presupuestos.
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Fuente: Adams |
Mintzberg critica frontalmente el enfoque racionalista (planificador) de la estrategia que presenta dos supuestos básicos: la formulación de la estrategia es el terreno acotado a la alta dirección y que una vez formulada la estrategia, los directivos de los niveles inferiores pasan a implantarla. Para la mayoría de las organizaciones, dicho esquema no es real: el proceso es menos estructurado, más difuso y la diferencia entre formulación e implantación es menos evidente, y en muchos casos, difícil de delimitar. Además Mintzberg defiende la estrategia emergente y afirma que a los directivos de primer nivel les falta información para definir de forma explicita la estrategia que se pretende y control sobre la organización. Por lo que en definitiva, ni en las organizaciones jerárquicas más rígidas, la formulación estratégica la realiza exclusivamente la alta dirección.
La mayoría de los estudiosos de la estrategia, a excepción de los más clásicos, reconocen abiertamente que es imposible planear totalmente la estrategia. Planificarlo todo, supone una racionalidad ilimitada, un dominio profundo del análisis y un nivel de certidumbre sobre el futuro que no tenemos.
Mintzberg es muy crítico con los clásicos y afirma que “la estrategia sólo puede tener éxito si mientras se realiza la planificación y se analizan los datos históricos, el mundo aguarda pacientemente”. Además, plantea que deberíamos intentar diseñar la estrategia en lugar de planificarla. Para él la estrategia es una combinación de planes para el futuro y patrones del pasado, que no siempre es el resultado deliberado de un proceso formal de planificación, sino que va emergiendo a lo largo del tiempo, se descubre no se crea (o por lo menos, no siempre). Mintzberg nos advierte que en muchas ocasiones las estrategias que formulamos son respuestas a las grandes discontinuidades que se producen en el entorno, imposibles de planificar. Por lo que va más lejos y sentencia que estas discontinuidades (como la innovación tecnológica) hacen imposible realizar pronósticos sobre el entorno.
¿Es la innovación tecnológica tan importante? Según Hammer y Champy, la tecnología es el posibilitador esencial del cambio. En el nuevo entorno, la tecnología se ha vuelto y seguirá siendo el elemento de ruptura fundamental. En la estrategia tradicional, el plan producido es en gran medida estático, mientras que actualmente nos encontramos con un plan dinámico que requiere una revisión regular y constante.
Por lo tanto, Mintzberg ve la estrategia como un proceso básicamente emergente e imposible de planificar a largo plazo en la mayoría de los sectores. Por esa cree que debemos olvidarnos del término planificación estratégica, lo que realmente se hacía en el pasado era programación estratégica y que no debemos confundirlo con el pensamiento estratégico radical, sin duda, vigente y actual. La planificación estratégica (o programación) se relaciona básicamente con el análisis, pero el pensamiento estratégico se relaciona con la síntesis, con la formulación. Pero Mintzberg va más allá y afirma que el pensamiento estratégico no es sólo síntesis, es aprendizaje informal, capaz de generar nuevas categorías y perspectivas.