Con frecuencia creciente, la investigación neurocientífica nos advierte del poder de las redes sociales sobre el cerebro y lo perjudicial que puede resultar.

Nos dice que puede reducir nuestro autocontrol, pudiendo aumentar el consumo descontrolado y otros actos negativos por impulso.

También que puede hacernos más influenciables a la presión de grupos y hasta dañar nuestra autoestima y hacernos sentir solos y frustrados cuando nos comparamos con los demás. Nuestros cerebros anhelan el "me gusta" en las redes sociales hasta un nivel de adicción.

Sin saberlo, nuestro cerebro está entrenado para disfrutar de las recompensas de otro clic, otra reacción de emoji y otro comentario en nuestras publicaciones

Un reciente estudio de la Universidad de Stanford confirma que existen gran cantidad de regiones cerebrales  que se activan al recibir un 'me gusta', llegando se ser comparable a la respuesta  cerebral que se obtiene al ganar dinero o al comer algo placentero, como chocolate.