A pesar de todo el esfuerzo dedicado en desarrollar nuestras habilidades y poner en práctica nuestros comportamientos, no siempre obtendremos los mismos resultados. Esto es, en parte, porque las situaciones que se nos dan en el liderazgo son muy diferentes, cambian las personas, los objetivos, los proyectos, etc. Por eso, el modelo del liderazgo situacional nos ayuda a adaptarnos mejor a las diferentes realidades.

A continuación tienes un vídeo para familiarizarte con el liderazgo situacional.

Por lo tanto el liderazgo situacional pone el énfasis en dos dimensiones:

El grado de conocimientos y predisposición o voluntad del colaborador los englobamos en el concepto madurez.

Madurez de conocimiento

  1. El conocimiento que tienen de la tarea.

  2. El grado de experiencia en esa tarea.

  3. La capacidad para resolver problemas en esa tarea.
  4. Capacidad para asumir nuevas responsabilidades.
  5. El cumplimiento de la tarea en el tiempo fijado.

Madurez de voluntad o predisposición

  1. Voluntad o disposición para asumir responsabilidades en esa tarea.

  2. Motivación hacia la obtención de resultados en esa tarea.

  3. Constancia en la tarea.
  4. Actitud hacia el trabajo.
  5. Independencia o autonomía para asumir la tarea.

Así, adaptaremos nuestros estilos de liderazgo a la madurez de nuestros seguidores.

Conocer a nuestros colaboradores

Conocer bien al equipo es la clave para el cumplimiento de los objetivos. Saber cuál es su nivel de conocimiento y experiencia te ayuda a formarles y desarrollarles. Conocer sus motivaciones y sus actitudes ante el trabajo es importante para mantener las ganas y el entusiasmo por hacer las cosas.

Destreza: Capacidad para hacer una cosa bien, con facilidad y rapidez. 

Actitud: Manera de comportarse de una persona ante cierto hecho o situación. Disposición de ánimo manifestada exteriormente. 
Para dirigir bien un equipo de trabajo es importante distinguir entre destreza y actitud, puesto que el comportamiento del líder y las soluciones que adopta son muy diferentes en un caso o en otro. Si un colaborador tiene un problema de destreza, las soluciones irán por la formación y el aprendizaje, mientras que si es un problema actitudinal buscaremos acciones motivadoras y de cambio.

Un buen líder da a cada colaborador en función de lo que merece y necesita. Para ello debe conocer bien a su gente tanto en sus destrezas como en sus actitudes. Partiendo del principio de igualdad en el respeto, el trato, y la inversión del tiempo buscará desarrollar al máximo a todos, para conseguir que sepan hacer y quieran hacer en todas las circunstancias. De este modo, podrá adaptar su estilo de liderazgo más orientado a la tarea o a la relación en función de la situación de sus colaboradores.