Cuando decimos liderazgo hablamos de personas, de comportamientos, de características, de creencias, de paradigmas y sobre todo de resultados. Definimos el liderazgo como la capacidad de llevar a un equipo a la consecución de los objetivos organizacionales, pero ¿a cualquier precio? ¿de cualquier modo? Obviamente no, y por eso liderar conlleva una gran responsabilidad y mucho trabajo.
También nos referimos al liderazgo cuando pensamos en la influencia que algunas personas ejercen sobre otras para que realicen proyectos, tareas, cambien comportamientos y se comprometan de manera activa y positiva con el trabajo.
Pero no hay liderazgo sin seguidores y eso significa que en la ecuación también metemos conceptos como la confianza mutua, la capacidad para desarrollar a otros y la gestión emocional de las situaciones complejas.
Por lo tanto el liderazgo no son solo palabras, son datos que nos hablan de la relación directa que este tiene con la captación y retención del talento y con los resultados organizacionales.
La relación con el jefe se cita como la 2ª razón más importante para abandonar el trabajo.
La rotación de personal se debe hasta en un 70% de los casos al comportamiento del jefe.
El liderazgo explica entre el 30 y el 40% de los resultados del trabajo.
Si usamos la conocida pero muy útil metáfora del iceberg, encontramos tres aspectos diferenciadores en el liderazgo.