La Teoría de las Inteligencias Múltiples fue ideada por el psicólogo estadounidense Howard Gardner como contrapeso al paradigma de una inteligencia única.
Gardner refiere que los seres humanos poseemos una gama de capacidades y potenciales ―inteligencias múltiples― que se pueden emplear de muchas maneras productivas, tanto juntas como por separado. Y el conocimiento de las múltiples inteligencias ofrece la posibilidad de poder desplegar con la máxima flexibilidad y eficacia en el desempeño de las distintas funciones definidas por cada sociedad
La teoría de Gartner desencadenó una corriente de abundante investigación sobre nuevas dimensiones de la inteligencia humana aplicadas a distintos escenarios, dando paso a miradas más amplias que el tradicional IQ test para medir la inteligencia. Este es el caso del mundo de los negocios, donde estos enfoques se han Llevado en particular al estudio de temas centrales como la formación de líderes y de emprendedores.
Wilson y Mujtaba estudiaron particularmente las dimensiones interpersonales, intrapersonales y lingüísticas como las centrales para el ejercicio del liderazgo.
Hoffman y Frost (2006) asociaron tres inteligencias (emocional, social y cognitiva) a los líderes transformacionales, es decir, a aquéllos que inspiran orgullo, fe y respeto en sus colaboradores y que comparten una visión y un sentido de misión a través de sus habilidades de comunicación (cualidades definidas como “el carisma del líder”).
Estos líderes transformacionales hacen también uso de su racionalidad y de su capacidad para resolver problemas cuando buscan soluciones innovadoras a los problemas que se presentan en la organización y dedican especial preocupación al desarrollo personal de los individuos que conforman su equipo humano.
Estos autores destacaron que un líder estimulará las capacidades intelectuales de su equipo humano en la medida en que su propia inteligencia cognitiva sea superior, demostrando con sus reflexiones y acciones la forma de solucionar problemas complejos.
En 2001, Bass describió como la inteligencia social del líder le permitirá identificar qué habilidades se requiere potenciar en el equipo para enfrentar los retos que cada contexto imponga y le facilitará el adaptarse a las situaciones diferentes que le tocará enfrentar en el ejercicio de su posición de liderazgo.
En estas situaciones, el líder pondrá a prueba sus habilidades de comunicación, su autoconfianza, sociabilidad, tolerancia al estrés, su capacidad para manejar el status que se le ha otorgado y para leer adecuadamente el entorno en el que le toque actuar.
En lo que se refiere a la inteligencia emocional, este líder tendrá que poder percibir, usar, entender y manejar sus propias emociones. Así también, desarrollar la empatía que le permitirá comprender las emociones de las otras personas con las que tenga que interactuar (Caruso, Mayer y Salovey, 2001).
Por otra parte, un estudio realizado por Baum y Bird en 2009, sugiere que ciertas inteligencias pueden ser predictoras de los resultados de los proyectos desarrollados por los emprendedores en su etapa de start-ups. En particular, destacan que la inteligencia práctica, la inteligencia analítica y la inteligencia creativa, combinadas con la búsqueda de la eficacia personal propia de los emprendedores, promueven un comportamiento emprendedor exitoso. Según estos autores, la llamada “inteligencia práctica” viene dada por el conocimiento tácito que acumula el emprendedor a través de su experiencia previa en un sector.
En esta misma línea, Stenberg (1998) encuentra que tres capacidades claves serán: Stenber identifica la capacidad de pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad para implementar ideas como las claves necesarias en quienes emprenden proyectos, dado que deben enfrentar los retos de entornos inciertos, urgencias, falta de recursos y cambios veloces.