El objetivo de esta fase es generar una variedad suficiente de alternativas.
La generación de buenas alternativas es una tarea iterativa. Cada alternativa debe ser evaluada cuidadosamente en términos de sus consecuencias pero también de su probabilidad y deseabilidad.

Las características que debe cumplir una buena solución son:
Las soluciones o alternativas en muchas ocasiones dependen del propio individuo como se ha visto en el tema de factores influyentes en la toma de decisiones.
Un individuo con aversión al riesgo no considerará siquiera como opción o alternativa aquella que sobre pase su umbral del riesgo.
Esto supone en sí mismo una limitación ya que se pueden estar ignorando de forma inconsciente soluciones perfectamente válidas o incluso óptimas.
Es importante conocer los factores influyentes que nos rodean (los propios si es una decisión individual o los potenciales que afecten al grupo si es colectiva).
Si conocemos los factores influyentes, podremos mitigarlos o anularlos – o al menos ser conscientes de que pueden estar limitando alternativas viables.
En esta fase deben así mismo definirse los criterios por los que vamos a evaluar las diferentes alternativas como solución al problema planteado. Si estos no están claros o no son consensuados (en el caso de las decisiones colectivas) algunas alternativas pueden verse favorecidas debido a factores influyentes, incluso a intereses personales.
Los criterios deben estar detallados, ser medibles y ponderados por su importancia o peso.
Esto es especialmente importante en las decisiones complejas y que te toman de forma colectiva.
El mayor riesgo a la hora de evaluar las soluciones son los heurísticos descritos en el tema anterior, en especial el heurístico de accesibilidad.