Si hasta ahora los productos y servicios, simplificando, se pueden agrupar en transaccionales (como custodia del dinero, compra de productos, seguridad, producción…) y de asesoramiento (acompañar al cliente a entender y resolver sus necesidades) parece que el futuro del profesional pasa por crecer y desarrollarse en ese ámbito relacional, porque el resto son perfectamente realizables de forma virtual o por autómatas, sin necesidad de la relación personal ni física la mayoría de los puntos de venta.
Si el reto de las industrias es realmente el de evolucionar a modelos “customer centrix”, con una vocación clara de asesoramiento responsable, la pregunta que deberían hacerse muchas empresas es si disponen del capital psicológico adecuado para competir en este mercado de las conversaciones (no se trata de dialogar sobre el producto sino sobre necesidades, expectativas, emociones, conflictos de interés, creencias, prejuicios...).
