El gestor de clientes debe estudiar también quién es su cliente, pero ya no sólo desde el punto de vista de conducta psicológica (roles de padre, adulto o niño), sino más allá, conocer los rasgos de su personalidad que puedan ayudarnos a entenderle mejor, sus acciones y reacciones, sus afirmaciones o negaciones, sus aceptaciones y objeciones, y en definitiva, todo aquello que nos permita conectar de la mejor manera para persuadirle de que somos su mejor opción.

Por ello, vamos a clasificar tipologías de clientes en función de sus rasgos de personalidad, y analizaremos qué les caracteriza a cada uno.

Cuando hablamos de personas, puede haber ideas que han funcionado en casos similares, pero gestionar personas no es una “ciencia exacta”.