Bienvenido al segundo módulo del programa intensivo "Jóvenes Talentos", en el que trabajaremos la comunicación interpersonal enfocada a la escucha empática y la gestión de conflictos.
Definición de comunicación interpersonal:
De forma muy resumida, se puede definir la comunicación interpersonal como el contacto verbal o no verbal que se establece entre dos o más personas donde se produce un intercambio humano de información, ideas, actitudes y emociones (Vander, 1986). En: (Gallar, 2006)
La comunicación ha ascendido varios peldaños en la escala de valor de las organizaciones en los últimos veinte años. Tanto que los conceptos y esquemas que venimos utilizando se nos han quedado pequeños. O lo que es peor, ya nos resultan poco útiles para ayudar a nuestros clientes a superar sus desafíos. Hemos pasado de la comunicación de masas a la comunicación de redes.

Hoy en día, nuestros clientes se enfrentan a retos de comunicación que son materia de debate en los consejos de administración, y no sólo en los comités de dirección. Asuntos que afectan a la reputación de las empresas y limitan la sostenibilidad de sus capitales.
Problemas que ya no se resuelven sólo desde la dirección de comunicación, ni sólo a través de medios informativos; sino que implican el liderazgo del CEO, involucran a toda la organización, afectan a diferentes grupos de interés, y requieren muchos más canales de interacción o formatos de contenidos.
En los últimos diez años, en LLORENTE & CUENCA (LL&C) hemos dado respuesta a esto desarrollando áreas de especialidad con capacidades muy específicas. Sin embargo, ahora debemos dar un paso más allá con una propuesta holística de consultoría de comunicación. Una visión transformadora de las organizaciones, desde las decisiones hasta las acciones, desde las acciones a las comunicaciones, y viceversa.
La comunicación está viviendo su propia transformación motivada por el empoderamiento del individuo en su relación con las empresas, gobiernos e instituciones a través de medios digitales de interacción masiva. Estamos en la economía de la atención, donde lo que hacemos para nuestros clientes es ganar el tiempo de aquellos a los que quieren dirigirse.
En ese contexto, nuestros clientes tienen nuevas necesidades de consultoría, derivadas de la hiper-transparencia de sus comportamientos (ya no es posible ocultar lo negativo) y la infoxicación de los canales (ya no es fácil destacar lo positivo). Pero, sobre todo, motivadas por la personalización de sus públicos, que han pasado de ser masas de receptores pasivos a comunidades de interlocutores activos.
Así, se hace necesario dejar de lado el concepto de temáticas, para hablar de territorios de conversación: ¿Qué es eso de lo que habla la gente a la que yo quiero dirigirme? ¿Qué les interesa que tenga puntos de conexión con mi cliente? Encontrar respuesta a estar preguntas nos permite generar contenidos y espacios de interacción con ellos para aportarles valor.
Por otra parte, la manera de entender a los públicos en la comunicación también ha cambiado. Debido al empoderamiento de los usuarios estos exigen que les aportemos valor si queremos que nos tomen en cuenta. Y para ello, es necesario que comprendamos bien quiénes son más allá de los criterios demográficos usuales. Así surge el concepto de comunidades, con el que buscamos entender los intereses y valores comunes que definen a un grupo que nos interesa para averiguar cómo acercarnos a ellos y generar relaciones.
Hoy ya no hay un emisor y un receptor, la comunicación en red genera millones de emisores y receptores empoderados y dispuestos a participar en la conversación.
La calidad de nuestras relaciones y sus resultados dependen de cómo nos comuniquemos; por lo tanto, la efectividad de comunicación estará condicionada por las interacciones que se den durante la comunicación. En resumen, toda relación interpersonal es comunicación.