Modelo CARMILL

La evolución de un equipo de trabajo no siempre se produce de manera  positiva. El modelo de Cardona y Miller (CARMILL) nos da la pista para entender los procesos autodestructivos en los que caen muchos equipos.

El modelo CARMILL distingue dos ciclos: constructivo y destructivo. Durante el ciclo constructivo los integrantes comparten la misión, como el aspecto esencial  que identifica al grupo; de este modo se logra coordinación, colaboración,  comunicación y confianza.

La fase de formación es clave en este proceso. Si en esa etapa los miembros no se identifican con los objetivos colectivos, sino que cada uno “abraza” sus objetivos individuales, se inicia un ciclo destructivo donde la competición sustituye a la colaboración, aumentan los conflictos y aparece la falta de compromiso. Este ciclo se caracteriza por los enfrentamientos personales, la des-coordinación, el desinterés y la desconfianza.

 El líder debe ser capaz de detectar este momento crítico e intervenir para cohesionar al equipo.